Buenos días Caperucita

La luz rosácea y la luna llena,
tus ojos entreabiertos,
y la mirada cruzada
los labios humedecidos.

Buenos días amor,
la almohada se tambalea,
tu cara se cae sobre la mía,
los besos surgen.

¿Uno solo? No puede ser.
Nace el día, nada puede mejorar el momento.

Buenos días amor,
y tu vientre me llama la atención,
pongo la mano templada
en tu pubis y das un respingón.

Lobo cómeme.
Y el nuevo día es de nuevo, nuevo.

Victoria

La victoria del miedo
recorre los ríos de mi memoria.
Cuesta arriba donde los sueños gimen,
donde alcanzas la lluvia fresca
del primer otoño.
 
Parece que fue ayer, lo fue.
El taller de nuestros deseos,
            la piel que nunca traiciona.
Porque el hedor de la venganza
no podrá vencer la larga y quebrada esperanza.
 
El mañana vendrá lleno de hortensias,
            rosas, lilas, azules.
¡El jardín! tesoro oculto de nuestras vidas,
Como el camisón de la abuela, 
o la corbata quitada en un descansillo.
 
Victoria, vientre, cantata.
Triunfo de nuestras sombras,
            del reflejo de aquel espejo.
¿Te acuerdas? qué lejos queda aquella alcoba.
Ya solo nos queda: vivir, que nos dejen vivir.

Marta i Joana, la mateixa llum

[Davant del sofà buit ell s’adonava
que no li quedarien prou records. 
Que mai no quedarien prou records
per simular la vida.]
Joan Margarit

El recuerdo herido,
por los que salen a la calle
a gritar la libertad humillada,
por las banderas mancilladas.

Joana besará tu alma, ya fría pero convenientemente cuidada.

En medio de la luz, Marta, 
y Joana,
el mismo rayo, la misma vida.
Sus bellezas son siempre perdurables,
porque ellas son bellezas cercanas, no distantes.
Sonrisas, vocablos repetidos, "te quiero"
"eres el hombre de mi vida"
Y ahí está la ternura, la inmortalidad del recuerdo.

Nunca me he dejado arrastrar por dioses de papel,
decidido a soñar, prefiero quedarme con ellas,
con su luz fugitiva, diferente en el vacío.
Cuadratura perfecta, llena y contundente.
Marta, Joana.
Joana, Marta.

El Rey Peste

La ciudad había quedado despoblada parcialmente y en los horribles parajes próximos al Támesis, entre pasajes y callejuelas sombrías, angostas y sucias, donde parecía haber nacido el demonio de la plaga, erraban tan sólo el miedo, el terror y la superstición. 
En el cuento enigmático de Edgar Allan Poe se refleja, quizás, lo más grotesco de las situaciones pandémicas. Dos meses después de la nueva peste del siglo XXI, hemos cambiado el fervor religioso por el exacerbado fanatismo de las redes. En la plaga europea de mediados del siglo XIV, los judíos fueron tomados como chivos expiatorios, las hordas enfurecidas la emprendieron con los guetos judíos en toda Europa, tan solo porque ellos, más aislados y con una mejor higiene no estaban tan afectados. Hoy, también hay colectivos diana de los permanentemente indignados, pero son muy variados, gobernantes, políticos de todas las tendencias, y en general cualquiera que se vea en la situación de decidir, con su mejor o peor tino, y que parte de la presunta consideración de culpable.
Si ya vivíamos la vida a través de un plasma, ahora más que nunca consumimos a ritmo vertiginoso, no solo las noticias, más o menos falsas, sino que consumimos resumidamente sus titulares, y que reproducimos a golpe de ratón. El estado de ánimo general, también común en todas las pestes que la humanidad ha vivido, es el pesimismo y la desesperanza. Y el común deseo de amar, de abrazarse, de piel, pero sobre todo el deseo de sentirse querido.
Los desiertos emocionales que siempre hemos vivido en la vieja normalidad, la nueva peste los ha hecho insignificantes, porque todo, todo se ha magnificado, como en los relatos cortos de Poe: el miedo, el terror y la superstición. Y la soledad, acompañada o en solitario.
El Rey Peste tiene su tiempo, pero las cicatrices tardarán en curar. 

...y sin darnos cuenta se nos fue Aute


[No me apetece nada, nada más que estar muy dentro,
pero no de tu vientre, sino de tus sentimientos.
Luis Eduardo Aute]
Un canción para cantar,
aquella fue la primera vez,
de eso que llaman madurez.
Pava, suave, siempre con el verbo amar.

Un poema para leer,
un deseo que ha de haber
y todo es desconsuelo,
cuando sabes que tocastes el cielo.

Temo no volverte a ver,
que nuestros cuerpos no conversen,
que mi torpe mirada nunca
se derrame sobre ti.

Miedo, a no tener salida
¡rememos, volemos! Huída.
Te quiero mil,
y la pena serpentea como un reptil.

Todo es mentira menos tú.
Bailemos pegados, lentos,
y si, quiero bailar un
slow with you tonight.


Ilustración: Luis Eduardo Aute

Los días que fueron

[… la ceguera también es esto,
vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza]
José Saramago

Los días que fueron
nunca nos faltarán, el poder
de los sueños gloriosos,
el amor de los tiempos perdidos:
la piel pegajosa de la mujer que amas.

Los caminos limitados,
el sol oculto tras las ventanas,
el enemigo invisible que mata.
El helado de chocolate que espera,
la sonrisa de tu hija desde el pasillo.

Los días que fueron
rellenan las noches de seres queridos,
del martini de las 12,
del beso que no puede ser uno,
del abrazo necesario para vivir.

A vos que estas, que te veo,
al aplauso merecido de las 8.
Y después volvemos, a los
secretos de Estado, a la muerte
y resurrección de cada noche.

Los días que fueron
y volverán, en Verona, en Bolonia,
en aquel paseo por el Ebro,
entre las luces de la calle Larios.
Espera suena el teléfono ¡espero amor!

Por mucho que todo vaya mal
siempre habrá un día que recordar,
la lluvia que te empapa corriendo
entre charcos donde el sol refleja
los colores del arco iris.

La esperanza vencerá a la ceguera.
Seguro, siempre, juntos.

Sempre insieme

[En vuele que ja no hi eres, amb totes les penes juntes
vais fer-me un dolor de ferro.] Joan Margarit

La noche pesaba más que la ausencia,
la escalera se volvía agotadora
el gato maullaba y mordía,
todo era difícil.

Traidora
la ruleta de la vida.
Redentora una llamada,
una imagen virtual,
sucedáneo de un abrazo,
de un beso.

Pasan los días, las semanas,
muertos y resucitados
los paisajes de una sociedad,
donde agonizaba un viejo mundo.
Y ella estaba ahí.
Sempre insieme.

Tu risa


[Ríete tanto.que en el alma al oírte, bata el espacio.] 
Miguel Hernández

Allí cuando la vida es la hazaña de la rutina,
solo una risa puede salvarte de la hoguera
y es el consuelo de la memoria.

Allí es donde mi hija nace como gloria del presente,
y señora del futuro, la alegría de la resurrección
las aves del cielo en bandadas.

No es un milagro que a mi vejez vuelva a ser padre,
después del duelo, la risa vuelve con fuerza,
como un estruendo de fuegos artificiales.

Tu risa me llena de músicas, de trompas y tubas,
arma de sentimiento masivo que me arrasa,
te vivo y me vives como una canción prohibida.

La vanidad de la derrota, convertida
en el renacimiento del amor, de la lengua madre,
de tu risa, Paula, mi sueño recién nacido.

Ilustración: Dibujo Picasso

Sobremesa virtual

[como un desordenado terciopelo, 
vino encaracolado y suspendido]
Pablo Neruda

Sí soy feliz,
perdonen que me elogie
mi capacidad de querer,
sí, te quiero, te quise siempre.

Hubo noches pendientes,
mil confesiones,
mil mensajes,
miles de besos.

Encriptados amantes
exclusivos, discretos,
invisibles, suyos,
para ellos, para mi y para ti.

Sobremesa de vinos,
charlatanes en sensaciones
un, dos, tres,... ¡bailemos!
tu si sabes quererme, quédate.

Lamentos de la ausencia
mil vidas mal gastadas.
Veo el mensaje de agua,
transparente e interminable.

No se si habrá Dios,
si habrá bandos mejores, o peores,
u otra vida donde recuperar
ese tiempo que hemos perdido.

Pero perdonen que no me conforme
con el ritmo de las sombras
del pasado. Viajo con las
huellas del destino.

El tiempo pasa,
pero algunas duran más
de lo que permanecen en la playa,
porque el viaje a Ítaca es más la trama
que el desenlace.

Y yo con este insomnio,
pegado a tus besos pegajosos.
Calendarios detenidos,
tu nombre permanente
y tu abrazo pendiente.

Descansa, amor.



12 h

[Nos sentamos: la espalda
contra el muro soleado, una pierna
al lado de la otra.]
Machi Tawara

A las doce, era la hora donde la piel estallaba,
como en aquellos fuegos artificiales
del domingo de piñata.
Pero era sobre todo el latir de sus cuerpos
cuando la vida te pasa por encima,
y no te importa la mediocridad miedosa del fugaz momento.

A las doce, cuando la saliva se vuelve deseo
y fluye eléctricamente desde el dedo más lejano del pie
hasta las entrañas, con el pánico de llegar
a las puertas del cielo y no parar.

Todo es mágico a las doce.
Todo es deseo.
Eterno.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.