Besos como polen de primavera

[hay besos que se dan con la mirada 
hay besos que se dan con la memoria]
Gabriela Mistral


El viento arrastró los besos
y la primavera contagió de saliva amorosa
los mordiscos del deseo,
            mientras, el sol, calentaba las sábanas.

Eran besos pegajosos, libados de miel,
como las cerezas en almíbar.
Y eran besos pluricarnales, repartidos,
             llovidos, esparcidos por todo el cuerpo.

Besayunos, caricias de aperitivo,
el vermut de la mañana, otro beso,
y los labios empezaban a acorcharse,
               a sentir el peso plomizo del deseo.

Pero no había beso que sobrara,
ni si quiera que cansara más allá del silencio
o del descanso de su cabeza en mi pecho:
              bésame.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.