Labios (1)


[Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.]
Pedro Salinas


Corría por la comisura de sus labios,
jugueteaba con las formas,
poderosa media luna.

El beso poderoso, pesaba,
dejaba caer la carne trémula,
para encontrar una masa corpórea, sublime.

Quedó prendido de su lengua carnosa
más cándida y más voluble, cada vez,
quizás más atrevida y más curiosa.

Al abrirse eran como una cordillera
pero más gentiles, con ese color morado
y con un río, que fluía por su boca.

Eran labios recorridos, una y otra vez,
paisajes montañosos de un cuerpo
que, poco a poco él iba descubriendo.

Luego podía dibujar su cartografía,
delimitar los relieves, el movimiento sinuoso
de la topografía amorosa de su boca.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.