Y sin embargo, te quiero

La luna prepotente
se refleja en el cristal de la ventana.
Corre despacio el aire sin tu latido
e inunda lo más perceptible de la noche.
La atmósfera, amor mío, pesa como una loza,
la humedad empapa mi cuerpo,
pero mi boca necesita tus besos.
El ruido de una motocicleta,
la música de un coche,
el click del semáforo,
el sonido del silencio más largo,
sostenido y suspendido.
Y sin embargo el reloj corre,
avanzaba rápido,
una copla perseguida:
no debía de quererte, y sin embargo, te quiero.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.