Caperucita melancólica

Nunca el amor fue amigo de la paz,
más como las guerras,
donde los muertos son pisoteados.
Porque los cuerpos necesitan pelear sus destinos.
Porque la vida lanza sus dardos al sol,
y el llanto que continúa, permanece.
Para que te quedes,
de nuevo (entre nosotros).
Lucha, pelea, bate las alas al viento
parte de mi, por mi,
sigue sola y valiente,
porque siempre me llevarás (ahí).
Estás, eres, quédate y ve caminando,
te veo feliz, bélica victoria de ser tú misma.
Adios melancólica Caperucita
pelea pronto, que el lobo te espera.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.