[Ropas con su olor,
paños con su aroma.]
Miguel Hernández
Amaba la noche,porque estaba cercana
y la distancia se acortaba
con las siluetas.
Jugaba con los dedos,
para sentir el relieve de la vida,
mientras chisporroteaban todos los sentidos.
Parecía que la distancia impermeabilizara la ausencia,
pero más allá de los espacios
la sensación de pérdida me agotaba,
volvía a tener la esperanza
en que ella me hablara.
Su foto colgada en la pared,
sin marcos, sin arreglos ni recargas,
tan solo con sus ojos,
su viva mirada
parecía estar allí.
Mi madre.
