Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.

30/10/11

La piel eléctrica

La piel eléctrica,
los sonidos del silencio,
la humedad del destino,
les llevaba, como el péndulo del reloj,
a oscilar
      con un vaiven contagioso.

De pronto comprendieron
el lenguaje de su cuerpo,
que les pedía manos exploratorias,
quizas
      la suavidad didáctica de sus piernas.

Y allí llegaron pegados, derretidos,
cara a cara,
       casi untando manos sobre senos.

Pronto, la lentitud se convirtió en ritmo
y las frecuencias en sincrónica ansiedad,
nacía de la fuerza la languidez de un rostro
        y el gemido de un llanto corrido.

La piel eléctrica,
empezó a enlucir una atmósfera
cargada, densa, penetrada.
Sus miradas estaban agotadas, levitaban
como una escandalosa canción de despertar.

Era heróico el amor
y bendito el camino.