A veces la rama del olivo se hace estrecha
y la paz dura el tiempo de las amapolas
cuando el verdor del campo torna a amarillento trono
y las moscas revolotean junto a la canícula del estío.
En la siesta los cuerpos se hacen cálidos
y a veces lubrican el amor escondido
y el sexo apagado arde de los rescoldos.
Entre evónimos y acacias de la casilla
apareces tú en forma de hada
para cabalgar entre mis sueños
y completar el deseo térmico, tierno y turgente.
Así es la siesta del verano,
cálida, caliente, y calurosa,
en espera del cenit que vendrá.
