El Rey Peste

La ciudad había quedado despoblada parcialmente y en los horribles parajes próximos al Támesis, entre pasajes y callejuelas sombrías, angostas y sucias, donde parecía haber nacido el demonio de la plaga, erraban tan sólo el miedo, el terror y la superstición. 
En el cuento enigmático de Edgar Allan Poe se refleja, quizás, lo más grotesco de las situaciones pandémicas. Dos meses después de la nueva peste del siglo XXI, hemos cambiado el fervor religioso por el exacerbado fanatismo de las redes. En la plaga europea de mediados del siglo XIV, los judíos fueron tomados como chivos expiatorios, las hordas enfurecidas la emprendieron con los guetos judíos en toda Europa, tan solo porque ellos, más aislados y con una mejor higiene no estaban tan afectados. Hoy, también hay colectivos diana de los permanentemente indignados, pero son muy variados, gobernantes, políticos de todas las tendencias, y en general cualquiera que se vea en la situación de decidir, con su mejor o peor tino, y que parte de la presunta consideración de culpable.
Si ya vivíamos la vida a través de un plasma, ahora más que nunca consumimos a ritmo vertiginoso, no solo las noticias, más o menos falsas, sino que consumimos resumidamente sus titulares, y que reproducimos a golpe de ratón. El estado de ánimo general, también común en todas las pestes que la humanidad ha vivido, es el pesimismo y la desesperanza. Y el común deseo de amar, de abrazarse, de piel, pero sobre todo el deseo de sentirse querido.
Los desiertos emocionales que siempre hemos vivido en la vieja normalidad, la nueva peste los ha hecho insignificantes, porque todo, todo se ha magnificado, como en los relatos cortos de Poe: el miedo, el terror y la superstición. Y la soledad, acompañada o en solitario.
El Rey Peste tiene su tiempo, pero las cicatrices tardarán en curar. 

...y sin darnos cuenta se nos fue Aute


[No me apetece nada, nada más que estar muy dentro,
pero no de tu vientre, sino de tus sentimientos.
Luis Eduardo Aute]
Un canción para cantar,
aquella fue la primera vez,
de eso que llaman madurez.
Pava, suave, siempre con el verbo amar.

Un poema para leer,
un deseo que ha de haber
y todo es desconsuelo,
cuando sabes que tocastes el cielo.

Temo no volverte a ver,
que nuestros cuerpos no conversen,
que mi torpe mirada nunca
se derrame sobre ti.

Miedo, a no tener salida
¡rememos, volemos! Huída.
Te quiero mil,
y la pena serpentea como un reptil.

Todo es mentira menos tú.
Bailemos pegados, lentos,
y si, quiero bailar un
slow with you tonight.


Ilustración: Luis Eduardo Aute

Los días que fueron

[… la ceguera también es esto,
vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza]
José Saramago

Los días que fueron
nunca nos faltarán, el poder
de los sueños gloriosos,
el amor de los tiempos perdidos:
la piel pegajosa de la mujer que amas.

Los caminos limitados,
el sol oculto tras las ventanas,
el enemigo invisible que mata.
El helado de chocolate que espera,
la sonrisa de tu hija desde el pasillo.

Los días que fueron
rellenan las noches de seres queridos,
del martini de las 12,
del beso que no puede ser uno,
del abrazo necesario para vivir.

A vos que estas, que te veo,
al aplauso merecido de las 8.
Y después volvemos, a los
secretos de Estado, a la muerte
y resurrección de cada noche.

Los días que fueron
y volverán, en Verona, en Bolonia,
en aquel paseo por el Ebro,
entre las luces de la calle Larios.
Espera suena el teléfono ¡espero amor!

Por mucho que todo vaya mal
siempre habrá un día que recordar,
la lluvia que te empapa corriendo
entre charcos donde el sol refleja
los colores del arco iris.

La esperanza vencerá a la ceguera.
Seguro, siempre, juntos.

Sempre insieme

[En vuele que ja no hi eres, amb totes les penes juntes
vais fer-me un dolor de ferro.] Joan Margarit

La noche pesaba más que la ausencia,
la escalera se volvía agotadora
el gato maullaba y mordía,
todo era difícil.

Traidora
la ruleta de la vida.
Redentora una llamada,
una imagen virtual,
sucedáneo de un abrazo,
de un beso.

Pasan los días, las semanas,
muertos y resucitados
los paisajes de una sociedad,
donde agonizaba un viejo mundo.
Y ella estaba ahí.
Sempre insieme.

Tu risa


[Ríete tanto.que en el alma al oírte, bata el espacio.] 
Miguel Hernández

Allí cuando la vida es la hazaña de la rutina,
solo una risa puede salvarte de la hoguera
y es el consuelo de la memoria.

Allí es donde mi hija nace como gloria del presente,
y señora del futuro, la alegría de la resurrección
las aves del cielo en bandadas.

No es un milagro que a mi vejez vuelva a ser padre,
después del duelo, la risa vuelve con fuerza,
como un estruendo de fuegos artificiales.

Tu risa me llena de músicas, de trompas y tubas,
arma de sentimiento masivo que me arrasa,
te vivo y me vives como una canción prohibida.

La vanidad de la derrota, convertida
en el renacimiento del amor, de la lengua madre,
de tu risa, Paula, mi sueño recién nacido.

Ilustración: Dibujo Picasso

Sobremesa virtual

[como un desordenado terciopelo, 
vino encaracolado y suspendido]
Pablo Neruda

Sí soy feliz,
perdonen que me elogie
mi capacidad de querer,
sí, te quiero, te quise siempre.

Hubo noches pendientes,
mil confesiones,
mil mensajes,
miles de besos.

Encriptados amantes
exclusivos, discretos,
invisibles, suyos,
para ellos, para mi y para ti.

Sobremesa de vinos,
charlatanes en sensaciones
un, dos, tres,... ¡bailemos!
tu si sabes quererme, quédate.

Lamentos de la ausencia
mil vidas mal gastadas.
Veo el mensaje de agua,
transparente e interminable.

No se si habrá Dios,
si habrá bandos mejores, o peores,
u otra vida donde recuperar
ese tiempo que hemos perdido.

Pero perdonen que no me conforme
con el ritmo de las sombras
del pasado. Viajo con las
huellas del destino.

El tiempo pasa,
pero algunas duran más
de lo que permanecen en la playa,
porque el viaje a Ítaca es más la trama
que el desenlace.

Y yo con este insomnio,
pegado a tus besos pegajosos.
Calendarios detenidos,
tu nombre permanente
y tu abrazo pendiente.

Descansa, amor.



12 h

[Nos sentamos: la espalda
contra el muro soleado, una pierna
al lado de la otra.]
Machi Tawara

A las doce, era la hora donde la piel estallaba,
como en aquellos fuegos artificiales
del domingo de piñata.
Pero era sobre todo el latir de sus cuerpos
cuando la vida te pasa por encima,
y no te importa la mediocridad miedosa del fugaz momento.

A las doce, cuando la saliva se vuelve deseo
y fluye eléctricamente desde el dedo más lejano del pie
hasta las entrañas, con el pánico de llegar
a las puertas del cielo y no parar.

Todo es mágico a las doce.
Todo es deseo.
Eterno.

Lei

[Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón]
Gustavo Adolfo Bécquer

Fue quizás la invisibilidad con la que tropiezas
o la piel encendida de la madurez.
El encuentro, lo de menos.
Ella.

De su boca emanaba miel golosa,
helado saboreado, el enigma de la mañana.
Siempre especial, sempre insieme,
Ella.

Y pasan los años, los desiertos, las fuentes,
preso y presa del destino.
Pero no te detengas, no mires atrás, esperanza.
Ella.

En el segundo tiempo, con ganas de juego
porque el partido lo vamos a ganar.
La victoria siempre o no será el final.
Ella.

Te quiero lobo, te quiero Caperucita

[El primer beso 
que supo a beso y fue 
para mis labios niños 
como la lluvia fresca]
Lorca

Lobo, lobito,
acércate a mi corazoncito.
Caperucita buscaba su beso,
lo invitó a su casa,
mejor té que café.
Y el lobo se presentó,
y como una amante
ella se declaró.
Ay Caperucita,
eres carne y eres sueño.
te comeré a besos.
Pero el primer beso
será después,
la luna lunera nos bendecirá.
Te quiero lobo.
Te quiero Caperucita.
Ven.

Epitafio para la tumba de un sueño

[Se creía dueño del mundo
y no era dueño de sí mismo.]

Pepe Hierro
Cuando el futuro rompió la calma,
¿fueron aquellos anhelos el fin del camino?

Fugitivo, te echo tanto de menos.
Despiértame del fracaso, del llanto,
déjame que vuelva a imaginarme la vida
sin un reloj impacientado por el duelo.

Ni si quiera, unas ridículas flores de plástico.
Lo doloroso no es morir,
sino hacerlo sin gloria, sin un velorio de plañideras,
sin un epitafio para su tumba.

Ha muerto un sueño,
no hubo misas ¿qué serán de ellos:
semen desahogado, tierra caliente de agosto,
el olor a naftalina? ¿llorarán perdidos en la playa,
en las olas subyugadas por la luna?

Prometo.
Nunca jamás volveré a tener la quimera del hijo abatido,
la del heredero de mi sueño.





Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.