12 h

[Nos sentamos: la espalda
contra el muro soleado, una pierna
al lado de la otra.]
Machi Tawara
A las doce, era la hora donde la piel estallaba,
como en aquellos fuegos artificiales
del domingo de piñata.
Pero era sobre todo el latir de sus cuerpos
cuando la vida te pasa por encima,
y no te importa la mediocridad miedosa del fugaz momento.

A las doce, cuando la saliva se vuelve deseo
y fluye eléctricamente desde el dedo más lejano del pie
hasta las entrañas, con el pánico de llegar
a las puertas del cielo y no parar.

Todo es mágico a las doce.
Todo es deseo.
Eterno.

Lei

[Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón]
Gustavo Adolfo Bécquer

Fue quizás la invisibilidad con la que tropiezas
o la piel encendida de la madurez.
El encuentro, lo de menos.
Ella.

De su boca emanaba miel golosa,
helado saboreado, el enigma de la mañana.
Siempre especial, sempre insieme,
Ella.

Y pasan los años, los desiertos, las fuentes,
preso y presa del destino.
Pero no te detengas, no mires atrás, esperanza.
Ella.

En el segundo tiempo, con ganas de juego
porque el partido lo vamos a ganar.
La victoria siempre o no será el final.
Ella.

Te quiero lobo, te quiero Caperucita

[El primer beso 
que supo a beso y fue 
para mis labios niños 
como la lluvia fresca]
Lorca

Lobo, lobito,
acércate a mi corazoncito.
Caperucita buscaba su beso,
lo invitó a su casa,
mejor té que café.
Y el lobo se presentó,
y como una amante
ella se declaró.
Ay Caperucita,
eres carne y eres sueño.
te comeré a besos.
Pero el primer beso
será después,
la luna lunera nos bendecirá.
Te quiero lobo.
Te quiero Caperucita.
Ven.

Epitafio para la tumba de un sueño

[Se creía dueño del mundo
y no era dueño de sí mismo.]

Pepe Hierro
Cuando el futuro rompió la calma,
¿fueron aquellos anhelos el fin del camino?

Fugitivo, te echo tanto de menos.
Despiértame del fracaso, del llanto,
déjame que vuelva a imaginarme la vida
sin un reloj impacientado por el duelo.

Ni si quiera, unas ridículas flores de plástico.
Lo doloroso no es morir,
sino hacerlo sin gloria, sin un velorio de plañideras,
sin un epitafio para su tumba.

Ha muerto un sueño,
no hubo misas ¿qué serán de ellos:
semen desahogado, tierra caliente de agosto,
el olor a naftalina? ¿llorarán perdidos en la playa,
en las olas subyugadas por la luna?

Prometo.
Nunca jamás volveré a tener la quimera del hijo abatido,
la del heredero de mi sueño.




Tarde apagada

[esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,]
Pepe Hierro




Hoy quisiera apagar la tarde,
besar el alma del último viento,
de la última luz
que se come el griterío de los estorninos.
Los rostros perdidos que no volverán,
la memoria del árbol cercenada en estos días,
la ausencia inconsistente de él, de ella.
La rabia impotente.
Ya no hay risas. Las palabras son escasas y huecas.
No todo puede ser instante
desolación, duelo, punto y seguido.
Huelen las peras de la cocina
y el olor del suelo fregado.
Luna adormece, más pasiva,
atornillada a la manta del sofá.
Lleva dentro amor,
resucita con cualquier caricia.
Suena en la radio ¿alguien sabe,
el nombre de esa canción?
- Al calor del amor en un bar.
Los bares, que lugares tan gratos para conversar.
Bailemos pegados amor,
¡no estás!
Nunca estás, son las burbujas,
del champán o será el recuerdo de Bolonia.
Invisible como siempre,
desde la ventana se intuye la luz de un pesquero.
Distancias y miradas, la mar
no tiene límites ni rejas que abrir.
Mi niño sueña, esta esperando,
y yo intento, sin poder, adelantarme,
correr para poder alcanzarle.
Duérmete, en tus manos está el cielo naranja de la tarde.
Ilustración: Lucien Freud

Sicalipsis de verano


[Es una hermosa noche de verano. 
Tienen las altas casas abiertos los balcones].
Antonio Machado


Moscas nocturnas, el silencio caliente.
La lujuria tumefacta, el pecado de verano,
tu desnudez ladina, pícara, soez.

Y la piel parece resbalarse,
pegajosa, maldita,
deseosa de vos, adicta.

En el caldeado berrinche,
el ventilador me acaricia suave,
tu mano y tu boca me buscan.

Algarabía de los sentidos enajenados,
quizás sea el estío más ímprobo,
pero ni el levante más recio nos achara.

No se secan nuestras ansias - Sigue.
Machucado, pero vivo, envergado,
volver a seguir, la piel melada.

Besos recurrentes, repetidos,
vuelve la lengua indulgente, benevolente,
profusa, sicalíptica, subversiva.



Geometría del deseo

Gusto cuadrado, lengua, seno y coseno.
Deseo morboso triangula la piel,
espalda, uñas, rectas, paralelas
trenes al infinito,
ojos circulares que enrojecen.
Lado menor, labio mayor,
hipotenusa que eriza la piel.
meridiano interior, pasión integral.
Proyecta tu amor en mi,
siempre fue así,
fiebre combatida con locura.
Trigonometría esférica de nuestras estrellas.

La teta izquierda

Iba la teta muy coqueta,
escondida, acolchada,
pero sobre todo deseada.
Fue entonces la sorpresa,
quizás no tanto, la costumbre pedía volver a ser, a estar...
El lugar, casi le llevaba a gemir simplemente con su roce,
espléndida toda, protagonista de la escena,
y allí salió ella, abatida ante las manos de su Lobo,
besuqueada, muy ensalivada, mojada,
para dar paso al erizado más seco de su diana,
al oscurecido pezón: abultado.
Mordisqueada, suave, tierna
y como siempre sus ojos se cerraban dulcemente.
El tacto, el sonido, la sensación fue de volver a recuperar la travesura querida.
Caperucita estaba contenta.

Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias


[Las despedidas producen una extraña sensación, hay en ellas algo de envidia, los hombres se van para poner a prueba su valor y si algo se pone a prueba es nuestra paciencia al prescindir de ellos o tal vez por lo bien que soportamos la soledad].
Karen von Blixen-Finecke 


Quizás para eso no hacía falta una guerra,
ni si quiera la culpa inútil fuera la merecedora de condena.
La piel dejaría de serlo, las promesas que no hiciera
y terminé por incumplir: aquellas colinas de Ngong.

Salimos del tren.

Las lágrimas, las gafas de sol, quizás, quizás se intuía la derrota.
Distintas brújulas “para seguir el rumbo”, pero ¿qué rumbos?
(como en la película), navegábamos en diferentes puntos cardinales.

Salimos de la vieja casa.

De nuevo la desesperanza, las mochilas pesadas, los regalos.
Meryl Streep recordando que la tierra fue creada redonda
para que no pudiéramos ver el final del camino.

Salimos de la felicidad.

Porque esa era nuestra auténtica isla en el desierto de los errores.
Entonces ella le pidió que se quedara, pero los besos supieron a final;
en las guerras siempre pierden todos.

Salí de tu casa, nunca te podré olvidar.

Tampoco nunca podré llorar, ni volver a ver África: lavarte el pelo en la sabana,
los cuentos que podríamos haber contado, mientras el sol se ocultaba;
hoy es nuestro amor el que lo hace.


Besos como polen de primavera

[hay besos que se dan con la mirada 
hay besos que se dan con la memoria]
Gabriela Mistral


El viento arrastró los besos
y la primavera contagió de saliva amorosa
los mordiscos del deseo,
            mientras, el sol, calentaba las sábanas.

Eran besos pegajosos, libados de miel,
como las cerezas en almíbar.
Y eran besos pluricarnales, repartidos,
             llovidos, esparcidos por todo el cuerpo.

Besayunos, caricias de aperitivo,
el vermut de la mañana, otro beso,
y los labios empezaban a acorcharse,
               a sentir el peso plomizo del deseo.

Pero no había beso que sobrara,
ni si quiera que cansara más allá del silencio
o del descanso de su cabeza en mi pecho:
              bésame.

Cuando nos quiten la palabra dejaremos de poder amar.
Un poemario desde la liturgia del poderoso deseo de estar.